‘Pincho’ Ortega se doctora en EE.UU. con su segundo anillo universitario

El madrileño se proclama por segunda vez campeón de la Liga de baloncesto en silla de ruedas con la Universidad de Alabama. “Es el final soñado”, dice sobre su aventura americana. En verano espera en

El madrileño se proclama por segunda vez campeón de la Liga de baloncesto en silla de ruedas con la Universidad de Alabama. “Es el final soñado”, dice sobre su aventura americana. En verano espera en el Europeo poder lograr con la selección española un billete para los Juegos Paralímpicos de París 2024.

Sentado sobre el aro que había martilleado minutos antes en una final que le encumbró como el MVP y elevando la red que acababa de cortar, la euforia crepitó en su garganta como una erupción volcánica. A pie de pista, el reconocimiento total de sus compañeros por el trabajo hecho. Ignacio ‘Pincho’ Ortega (Madrid, 2000), uno de los grandes valores que tiene el baloncesto español en silla de ruedas, se ha doctorado en EE.UU. al conquistar su segundo anillo con la Universidad de Alabama. El mejor epílogo a su etapa como estudiante. Tras cinco años, deja una huella indeleble, siendo el máximo anotador histórico del equipo y con dos títulos en la mochila.

A sus 22 años es uno de los jugadores con mayor proyección a nivel mundial, la joya de la nueva hornada que ya alza la voz en la selección española. Esbelto y de brazos infinitos, en las últimas temporadas ha confirmado todos los buenos pronósticos que había sobre su figura. En la liga universitaria norteamericana, su talento incontenible se ha visto reflejado este año en unos grandes números con los que cierra un capítulo extraordinario: 26.5 puntos, 12.2 rebotes y 7.3 asistencias de promedio.

Apenas era un crío cuando agarró el balón anaranjado y se sentó en una silla para dar sus primeros pasos en el Club Alcobendas. ‘Pincho’, que nació sin ambas piernas de rodilla hacia abajo, había probado el esquí, el pádel, el tenis o el piragüismo, pero el basket le llegó al corazón, le daba algo diferente al resto de deportes. Entre los 12 y los 15 años creció en Virginia (Estados Unidos) junto a su familia, cuando destinaron allí a su padre, que es militar. Allí descolló, siendo MVP y ganando con el Richmond Sportable Spokes la liga de High School.

Pincho celebra subido al aro el título de Liga A la derecha durante un partido con Alabama

Fue entonces cuando a su puerta llamó el CD Ilunion, donde conquistó el triplete en su primer curso -Copa, Liga y Champions League- y en el segundo ganó la Copa del Rey. Para él fue como un máster estar rodeado de los hermanos Pablo y Alejandro Zarzuela, Dani Stix, Terry Bywater o Bill Latham. Con 17 años hizo las maletas y cruzó al otro lado del Atlántico para continuar su formación académica y la carrera deportiva. La oferta de Alabama era irrechazable. El ala-pívot ya ganó en 2019 el campeonato universitario, título que ha repetido este año en la edición celebrada en Wisconsin. En la cancha sus ojos se anegaban en lágrimas porque volvía a reinar en un torneo que le había dejado cicatrices tras perder dos finales consecutivas. Era su último baile y tuve el broche perfecto.

“Cada logro tiene su historia, pero este sabe muy diferente, es muy especial y uno de los más importantes para mí. Llevo cinco años en Alabama y ver qué hemos formado un proyecto, con gente nueva que entra y que pone su grano de arena, es algo increíble. En mi primer año completaba la plantilla y jugaba menos, ahora el rol ha sido diferente, desde los 19 años me tocó llevar el volante del equipo para dirigir y liderar, así que lo siento más mío, he visto crecer a este grupo irrompible”, subraya.

En 2021 y en 2022 perdieron las finales ante Texas-Arlington Mavericks. El madrileño ya había finalizado sus estudios de Relaciones Internacionales, pero decidió ampliarlos con un máster. “Era la última oportunidad para llegar a ser campeones. Es el final soñado, el que todo libro debería tener”, recalca. Con 22 victorias y 3 derrotas, Alabama accedió a los playoffs como segundo del ranking. En cuartos venció a Missouri (61-43); en semifinales a Illinois (66-59), con 21 puntos, 14 rebotes y 17 asistencias de Ortega, y en la final a Arizona (73-68), donde el madrileño anotó 31 puntos, capturó 12 rebotes y repartió 10 asistencias para ser el jugador más valioso.

El equipo de la Universidad de Alabama liderada por el español Pincho Ortega MVP de la final

“El nivel ha sido de los más altos que he visto. En la temporada regular perdimos con Illinois y dos veces con Arizona. Nos hemos podido vengar, llevarse el título ganando a esos dos rivales, sabe mejor. La final estuvo muy peleada, hubo constantes cambios de liderazgo y fue una montaña rusa de emociones. Íbamos ganando de uno y tuve los últimos cuatro libres para cerrar el partido. Era imposible aguantar las lágrimas, solté todo el peso que arrastraba. Hemos tenido mejor plantilla que nunca, hemos sabido juntar nuestro talento, encajar y ser una piña. A nivel personal he firmado mis mejores estadísticas y me he convertido en el mayor anotador en la historia de Alabama”, explica el español, todavía incapaz de atemperar el seísmo emocional tras su nuevo éxito.

‘Iggy’, como así le bautizaron en territorio norteamericano porque “lo de ‘Pincho’ era muy difícil y mi nombre lo pronunciaban Igneisio -ríe-”, se despide de la Crimson Tide (Marea Roja) en la cima: “Llegué con 17 años, estaba lejos de mi familia, en otra cultura, pero esta etapa tan bonita me ha hecho crecer y madurar de una manera muy rápida, ha creado el jugador y la persona que soy ahora. Vine siendo un chaval y me voy como un hombre, llegando a mi máxima versión deportiva y personal hasta el momento. Tenemos mucho que aprender de Estados Unidos, tienen un sistema tan bueno para compaginar vida deportiva y académica que lo envidio, espero que algún día llegue a esos niveles en España”.

Ahora regresará a casa y confía en jugar la próxima temporada en algún club de la División de Honor, “la liga que más nivel tiene en todo el mundo. Todavía no he cerrado nada, pero tengo ganas de quedarme”. Antes se enrolará en las filas de la selección española para afrontar el próximo desafío internacional. Ha dejado atrás su ciclo como junior tras ganar en 2021 el oro en el Europeo y en 2022 el bronce en el Mundial sub 23, siendo MVP en ambas citas. Versátil y con infinidad de recursos, evoluciona hacia jugador total, tira, penetra, asiste, genera juego e intimida bajo el aro.

El jugador madrileño durante un partido con la selección española de baloncesto

Ya se ha asentado en la absoluta, con la que llegó a disputar los Juegos Paralímpicos de Tokio o el Europeo de Madrid en 2021, en el que España no cumplió con las expectativas y se quedó fuera del Mundial de este verano en Dubái. “Nos dolió mucho, pero es cierto que estábamos en un cambio con un nuevo cuerpo técnico. No nos dio tiempo a acoplarnos, fue un caos, algunos arrastrábamos lesiones, veníamos de unos Juegos, otros del Europeo sub 23, con la liga entremedias, y estábamos un poco quemados”, explica.

En noviembre la selección experimentó la catarsis que necesitaba para resetearse tras imponerse en la Copa de Naciones frente a rivales de enjundia como Gran Bretaña, Países Bajos, Francia y Polonia. Y de nuevo, MVP para ‘Pincho’, que ya influye en el juego del equipo, cobrando mayor protagonismo en la pizarra de Abraham Carrión. “Mi rol ha cambiado bastante, los jóvenes estamos con ganas de formarnos para llegar al máximo nivel, queremos dar un paso adelante. Me queda mucho por aprender de los mejores y seguir creciendo, tengo que pulir ciertas áreas de mi juego, el camino es largo”, dice.

España no estará en el Mundial, así que el Europeo de agosto en Rotterdam es la única vía que tiene para llegar a los Juegos de París 2024. “Desgraciadamente se ha pasado de 16 a 8 equipos, eso nos obliga a ganar el oro continental. La Copa de Naciones nos ha dado confianza, demostramos que somos una selección con la que no se puede bromear, tenemos mucha fuerza y potencial. Estamos con hambre y con ganas, nos va a costar más, pero somos un equipo capaz de estar en lo más alto. Sería duro no llegar a los Juegos, es algo que se vive cada cuatro años y queda grabado en la memoria. Nos lo merecemos y vamos a pelear por ello”, sentencia.

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